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martes, abril 29, 2008

Cuenta Pública o la historia del arquero solo:



Tuvimos la oportunidad de sesionar como Concejo Municipal el lunes 28 de Abril, para escuchar la cuenta pública que por ley está obligado a dar el Alcalde.
Observamos con satisfacción cómo ha crecido exponencialmente la inversión pública en nuestra comuna, cómo el Gobierno ha creído en la necesidad de desarrollar proyectos de infraestructura que sirvan a la comunidad. Como siempre he señalado, nosotros como Concejales somos parte de los éxitos y los fracasos de una gestión municipal y en lo que respecta a muchas de las inversiones concretadas en Peumo, nosotros hemos concurrido con nuestro apoyo formal a dichos proyectos, porque de otra forma ellos no serían posibles.
En lo personal me he impuesto una forma de hacer que no sea obstructiva, cooperativa más bien, respetando los intentos de algunos colegas Concejales por entregar antecedentes a Contraloría respecto a cualquier acto administrativo que sugiera algún problema, antes que en el Concejo Municipal.
Por mi parte, sigo sosteniendo que el primer lugar para hacer fiscalización es la instancia del Concejo Municipal, pues una presentación en Contraloría la puede hacer cualquier ciudadano, pero la fiscalización al Alcalde es un procedimiento que le pertenece al Concejo en esa instancia que la ley indica, y así lo he hecho a pesar de no publicitarlo.
Finalmente, respecto a la cuenta pública extrañé alguna referencia al Concejo Municipal. Pienso que negarlo, borrándolo de la gestión edilicia, no hace si no mostrar desprecio a una labor en la que el pueblo cree, más allá de ideologismos trasnochados que deforman la realidad al amaño del alcalde de turno. Que el Alcalde suprima en su cuenta al Concejo es como que el arquero pretenda hacer creer que el sólo puede resistir un partido!Con esa disposición tan fuerte a la exclusión no hay futuro posible de construir.

jueves, abril 17, 2008

Peumo y la ministra

Lo sucedido con Provoste alude a una nueva mayoría en el Senado, que termina con una ilusión electoral que para mi gusto, duro mucho tiempo.
La acción de los díscolos en el parlamento mostró que en este Gobierno iba a ser necesaria una ingente cuota de realismo político y de actores políticos habilosos para negociar acuerdos, pero la arrogancia política de la Ministra de Educación y su anticipada posibilidad de una postulación al parlamento, le jugaron en contra y se fue sumando a muchos otros elementos que configuraron un pésimo escenario.
Los Senadores de derecha sabían que era una oportunidad para desgastar a la Presidenta, aún sin tener la razón jurídica y uno no les podía pedir refinamientos a estas alturas. El fin de la acusación no era hacer prevalecer argumentos jurídicos, sino que provocar el desgaste. Y los Senadores disidentes no son traidores (como simplonamente algunos han dicho), sólo estaban cobrando la mano.
Lo que va quedando claro es que las cuentas se pagan inexorablemente y la lucha intestina de la Democracia Cristiana, que nunca fue encapsulada, está salpicando a todo el Gobierno sin tregua y según se ve, continuará cobrando víctimas y socavando el poco capital político que les resta a la DC, cuestión que en la zona está a la vista en el caso de la Diputada Sepúlveda.
Así, en lo que respecta a Peumo, en lo que respecta a nuestra área, no podemos decir que la Diputada Alejandra Sepúlveda, desde su renuncia a la DC, es una persona contraria al Gobierno per se, sino más bien, una parlamentaria que sabía que continuar dentro de la DC podía hipotecar fuertemente su futuro, pues la Mesa de Alvear había dado señales de cobrar a cada disidente interno un alto precio.
Provoste no cayó por la derecha, Provoste cayó por quien la acompañó hasta fuera del hemiciclo en el congreso una vez destituida: la DC y su guerra interna.

martes, abril 01, 2008

Educación y consignas

En los últimos días hemos visto que las críticas sobre las condiciones económicas del Departamento de Educación en la comuna, toman características de guerrilla, cuya seria intención es capitalizar políticamente el legítimo descontento de los profesionales y trabajadores de Educación, debido a la demora en el pago de las cotizaciones previsionales y descuentos voluntarios, hoy casi regularizados a partir de las mayores partidas que provee el Ministerio.
El problema es que un sistema que funciona con más de cien millones de pesos ($ 100.000.000.-) mensuales y que no cuenta ni con la matrícula, ni con la asistencia media necesaria (que dicho sea de paso, juntas reportan menos de ochenta millones de pesos ($ 80.000.000.-)) para funcionar reproduce estos problemas que observamos.
Sería un despropósito negar tanto las circunstancias, como los alcances de este desfinanciamiento y sus costos negativos para cada uno de los que componemos el sistema, pero deseamos dar un paso más allá, tal como nos dicta la conciencia, y ofrecer soluciones al problema del desfinanciamiento, que sabemos no se resuelve ni de la noche a la mañana, ni mágicamente, ni sólo lanzando palabras al viento. Es que quienes trabajamos en esto, sabemos cuán complejo es el panorama.
El problema es que no contamos con una matrícula que logre generar mayores ingresos, ni con una disminución de la merma permanente de alumnos y alumnas del sistema, que se alejan de este por desinformación o por cuestiones personales.
Los especialistas recomiendan observar la opinión de los apoderados, resolver a tiempo sus inquietudes y generar expectativas positivas en el sistema, a través de una política educacional que apunte a la excelencia y la disciplina.
Los niños, niñas y jóvenes atendidos por nuestros establecimientos deben tener la oportunidad de contar con una educación pública de calidad, que los prepare y proyecte en una vida de permanente capacitación, asegurándoles un desarrollo social, cultural y económico de mucho mejor nivel que el posible de obtener por la vía de trabajos de baja calificación o por tareas propias de la marginalidad.
El segundo problema de fondo tiene que ver con una baja creciente en la asistencia. Supongo que no hay suficiente conciencia de cuánto significa la inasistencia en nuestros establecimientos, pues bien, alcanza a los siete millones de pesos ($ 7.000.000.-).
El punto es que como comunidades educativas tendremos que ponernos de acuerdo en cuáles son las medidas más adecuadas para mitigar el desfinanciamiento por esta vía y asumirlas con disposición a generar cambios profundos en las conductas.
La discusión mientras se centre en cuestiones económicas, resta terreno a aquellas temas de fondo que nos interesan tanto como familias, como profesionales: el mejoramiento de las condiciones laborales, la seguridad del trabajo, el mejoramiento de la calidad y la apertura de mayores y mejores posibilidades para todos los niños, niñas y jóvenes de Peumo, vistos estos y su futuro no como sujetos de posiciones egoístas, ni de eslóganes de campañas políticas.