Educación y consignas
En los últimos días hemos visto que las críticas sobre las condiciones económicas del Departamento de Educación en la comuna, toman características de guerrilla, cuya seria intención es capitalizar políticamente el legítimo descontento de los profesionales y trabajadores de Educación, debido a la demora en el pago de las cotizaciones previsionales y descuentos voluntarios, hoy casi regularizados a partir de las mayores partidas que provee el Ministerio.El problema es que un sistema que funciona con más de cien millones de pesos ($ 100.000.000.-) mensuales y que no cuenta ni con la matrícula, ni con la asistencia media necesaria (que dicho sea de paso, juntas reportan menos de ochenta millones de pesos ($ 80.000.000.-)) para funcionar reproduce estos problemas que observamos.
Sería un despropósito negar tanto las circunstancias, como los alcances de este desfinanciamiento y sus costos negativos para cada uno de los que componemos el sistema, pero deseamos dar un paso más allá, tal como nos dicta la conciencia, y ofrecer soluciones al problema del desfinanciamiento, que sabemos no se resuelve ni de la noche a la mañana, ni mágicamente, ni sólo lanzando palabras al viento. Es que quienes trabajamos en esto, sabemos cuán complejo es el panorama.
El problema es que no contamos con una matrícula que logre generar mayores ingresos, ni con una disminución de la merma permanente de alumnos y alumnas del sistema, que se alejan de este por desinformación o por cuestiones personales.
Los especialistas recomiendan observar la opinión de los apoderados, resolver a tiempo sus inquietudes y generar expectativas positivas en el sistema, a través de una política educacional que apunte a la excelencia y la disciplina.
Los niños, niñas y jóvenes atendidos por nuestros establecimientos deben tener la oportunidad de contar con una educación pública de calidad, que los prepare y proyecte en una vida de permanente capacitación, asegurándoles un desarrollo social, cultural y económico de mucho mejor nivel que el posible de obtener por la vía de trabajos de baja calificación o por tareas propias de la marginalidad.
El segundo problema de fondo tiene que ver con una baja creciente en la asistencia. Supongo que no hay suficiente conciencia de cuánto significa la inasistencia en nuestros establecimientos, pues bien, alcanza a los siete millones de pesos ($ 7.000.000.-).
El punto es que como comunidades educativas tendremos que ponernos de acuerdo en cuáles son las medidas más adecuadas para mitigar el desfinanciamiento por esta vía y asumirlas con disposición a generar cambios profundos en las conductas.
La discusión mientras se centre en cuestiones económicas, resta terreno a aquellas temas de fondo que nos interesan tanto como familias, como profesionales: el mejoramiento de las condiciones laborales, la seguridad del trabajo, el mejoramiento de la calidad y la apertura de mayores y mejores posibilidades para todos los niños, niñas y jóvenes de Peumo, vistos estos y su futuro no como sujetos de posiciones egoístas, ni de eslóganes de campañas políticas.




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