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martes, septiembre 26, 2006

Los Profesores

Lo que cualquier persona espera de un grupo de trabajadores cualificados, como los profesores, es cierta potencia intelectual que permita escudriñar en la realidad, a lo menos, para reconocer la orientación que tiene la política laboral que les incumbe y que puede determinar el curso de la educación pública.
Esta potencia intelectual, que debería estar incubada en años de estudio, permanente autoperfeccionamiento y un espíritu crítico a toda prueba – que tanto reclamamos a los jóvenes – debería situarnos por sobre “el bosque”, justo frente a las políticas que se pretenden impulsar.
Esta no es una lucha por unos pesos más o unos pesos menos, como algunos interesadamente sostienen. Esta es una lucha que compromete una visión clara sobre el desarrollo nacional, a partir de las posibilidades ciertas de que la educación sea la herramienta de la promoción social y la inclusión de las cada vez mayores masas de hombres y mujeres empobrecidas, apartadas de los beneficios de la modernidad o introducidas a ella, pero a altísimos costos. Una sociedad cohesionada por el consumo debe tener una contrarespuesta en el profesorado, grupo que tiene entre las manos la épica de la construcción de nuestra Patria.
Esta épica docente nos debe animar y convertirse en luz que esclarezca a aquellos colegas que se han aletargado en el caótico desfile de imágenes de los medios.
Que los profesores tengan modorra para enfrentar los desafíos sociales que se avecinan es la peor de todas las lacras, pues si aquellos trabajadores que más se han cualificado, merced de una educación universitaria, no asumen el desafío de proponer un modelo de sociedad inclusivo que pasa por la educación, donde los beneficios estén para todos, poco o nada queda por esperar.

jueves, septiembre 21, 2006

Salud en Peumo

Una política de estructuración de hospitales bases es totalmente contraria con una efectiva descentralización en el sistema salud, precarizando las condiciones de acceso por parte de los usuarios. Ello lo vemos a diario en el Hospital de Peumo, donde con más voluntad que recursos, se están llevando adelante las tareas propias del Servicio.
El actual conflicto de la salud, que promete con salirse de madre, es propicio para insistir en la necesidad de establecer un sistema de financiamiento que no implique la pauperización de las prestaciones de salud en el ámbito público.
Hemos asistido en estos años a la implementación de una política sistemática de estrangulamiento del sistema público, aduciendo fallas generales en la administración de los recintos, que dicho sea de paso, le ha sido encargada a médicos. Ello suena más a una treta, que a una política acertada de independencia administrativa. Una treta orientada a provocar la externalización de diversas actividades propias de los centros de atención de salud, que no es otra cosa que hacer participar a privados de recursos generados en el sistema público, aduciendo que estos son mucho más eficientes en la ejecución de ciertas tareas… obviamente aquellas con márgenes comerciales.
Una política de “descentralización” con claro acento “centralista” y recursos muy inferiores a los necesarios, me parece por decir lo menos, una política manifiestamente mal intencionada.
Creo y respaldo la salud pública, soy cotizante de Fonasa y he sido testigo directo de los esfuerzos que hace los funcionarios y funcionarias del Hospital de Peumo para hacer del servicio de salud, un servicio al alcance de la gente, con todas las limitaciones que impone un sistema pésimamente financiado y con muy poca solidaridad de parte de la ciudadanía.