Y ahora qué?
El asesinato de un trabajador en el centro de Peumo ha remecido a toda la comunidad. Pero la sola denuncia del hecho nos parece de una obviedad que sólo puede encerrar una preocupante falta de propuestas y soluciones al problema de fondo.
Sobre el dolor de la familia debe descansar un profundo respeto a la situación que hoy viven, por lo inesperado de los sucesos y porque nos parece que se hace un flaco favor, festinando del problema para sacar dividendos estrechos ante esta situación. El desconsuelo de la madre y el padre es tal, que no nos cabe más que expresarles nuestros respetos y más profundos sentimientos de solidaridad.
Y tras esa familia, también se esconde un drama singular en las familias de los jóvenes imputados, todas familias obreras, gente sacrificada que ha intentado, de alguna manera, sostener sus hijos, incluso pidiendo ayuda especializada para abordar un problema que se va extendiendo en la comuna.
Algunos datos para la causa son que de los jóvenes involucrados, ninguno cursa estudios, tampoco tienen trabajo estable y no pertenecen a ninguna institución donde desenvolverse y manifestar sus intereses.
Con estos antecedentes a la vista, de todas maneras la justicia tendrá que realizar su tarea y ofrecer la instancia de solución que contemple la ley, pero también requerirá de una buena cuota de realismo, por parte de las familias involucradas, en el sentido de procurar un mecanismo que corrija la situación de la que son parte sus hijos.
Pero nosotros, también tenemos la posibilidad de hacer propuestas, como por ejemplo, que se adopte la decisión, en conjunto con la comunidad, de intervenir con las herramientas de que se dispongan, estableciendo ayuda psicológica no sólo para las familias afectadas (tanto de la víctima, como la de los victimarios), sino, para todas las familias que sufren los problemas de la deserción escolar, la falta de empleo y oportunidades de desarrollo, pero en un marco que facilite la inclusión y por ningún motivo, la estigmatización social.
Se hace necesario que la Dirección de Desarrollo Comunitario, junto a las profesionales del programa de Bienestar Psicológico y la Asistente Social de Educación, intervengan sectorialmente, a fin de acotar el problema y establecer con precisión quiénes y cuántos son los afectados por el problema de la marginalidad juvenil creciente que estamos viviendo y que se extiende en la comunidad. Los programas de Gobierno como el Programa Puente, no son suficientes y van a requerir de un complemento a partir de iniciativas municipales, las que tendremos que ver cómo financiar, ya que existen otras tareas que hoy ocupan a nuestros profesionales y que no pueden esperar tampoco.
Junto a esto, la comunidad y la Municipalidad, deben también coordinar acciones con Carabineros a fin de facilitar las tareas preventivas del delito, avanzando en una perspectiva de cooperación y no sólo de control y represión, que por ley está normado.
Esta es otra oportunidad de asumir la realidad desde un punto de vista integral, con los distintos matices que ofrece… la sola denuncia no basta, sino que más aún en estas circunstancias, se necesitan propuestas que permitan ir resolviendo los problemas.





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